El "cambio climático" se produce cuando el aumento de los niveles atmosféricos de gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono (CO2), provoca un cambio en las temperaturas y en los patrones climáticos del planeta.
Una de las consecuencias del cambio climático es el calentamiento global. Si bien es cierto que el cambio climático es un fenómeno natural y que la temperatura media de la Tierra siempre ha fluctuado, existe en la actualidad un amplio consenso acerca de que las actividades humanas están acentuando esta variabilidad.
Desde que los combustibles fósiles, como el carbón, el petróleo y el gas, comenzaron a usarse a gran escala durante la revolución industrial, los niveles atmosféricos de dióxido de carbono (CO2) han aumentado un 31%.
El dióxido de carbono es el gas de efecto invernadero liberado por la actividad humana que más contribuye al cambio climático, aunque no es el único. Cuando calentamos nuestras casas u oficinas, encendemos una calefacción, conducimos un automóvil, generamos la mayor parte de nuestra energía eléctrica o volamos en avión, estamos liberando dióxido de carbono en la atmósfera.
Este gas es uno de los causantes del efecto invernadero, cuya consecuencia es que la radiación proveniente del sol queda atrapada en la atmósfera y la calienta. La temperatura media del planeta ha aumentado aproximadamente 0,75 grados centígrados en los últimos 100 años. La mayoría de los científicos especializados están de acuerdo en que la actividad humana ha contribuido a ello.
Los científicos y los responsables políticos se muestran también de acuerdo en su mayoría en que, si deseamos evitar que se produzcan cambios irreversibles y peligrosos en el clima del planeta, es preciso limitar el incremento de la temperatura media del globo como máximo a dos grados centígrados por encima de los niveles preindustriales. Este estado de cosas condujo a que, en el congreso de las Naciones Unidas celebrado en Bali en 2008, la comunidad internacional consensuara por primera vez la necesidad de reducir de forma significativa las emisiones de gases de efecto invernadero durante el siglo XXI. El sector del transporte aéreo, como todos los demás, debe contribuir a la consecución de este objetivo.
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