La aviación genera el 2% del total mundial de emisiones de CO2 producido por la actividad humana.
Este dato proviene del Grupo intergubernamental de expertos en cambio climático (IPCC) de las Naciones Unidas. El informe, presentado en octubre de 2006 por Sir Nicholas Stern, afirma que la principal fuente artificial de CO2 es la producción de energía (24%), sobre todo la de centrales eléctricas alimentadas a carbón y gas. Le siguen los cambios en el uso de la tierra, con un 18%, y la agricultura, la industria y el transporte, cada uno con un 14% (la aviación está incluida en el transporte). Los edificios (8%), otras actividades relacionadas con la energía (5%) y los desechos (3%) completan el total.
Pero la aviación no emite sólo CO2. Los gases de escape de los motores de las aeronaves contienen de un 7% a 8% de CO2 y vapor de agua; un 0,5% de óxidos nitrosos, hidrocarburos sin quemar, monóxido de carbono y óxidos sulfúricos; restos de grupos hidroxilos y compuestos de nitrógeno y pequeñas cantidades de partículas de hollín (si bien en las últimas décadas la aviación ha logrado suprimir prácticamente dichas partículas). Entre el 91,5% y el 92,5% de los escapes de los motores de aviación son de oxígeno y nitrógeno atmosféricos normales.
Las estelas de condensación de vapor de agua que dejan los aviones podrían también tener un impacto. Sin embargo, los resultados de las investigaciones realizadas no señalan de manera concluyente si su efecto neto sobre la Tierra es de calentamiento o enfriamiento. En determinadas condiciones meteorológicas, las estelas pueden permanecer en la atmósfera y formar nubes de tipo cirrus que podrían afectar al clima. Por ejemplo, algunos estudios sugieren que estas nubes podrían tener distintos efectos de enfriamiento y calentamiento según se trate de vuelos diurnos o nocturnos. Este tipo de estudios permite determinar las posibles ventajas de modificar los procedimientos operativos. Esta área continúa en estudio; el sector aeronáutico colabora para establecer los efectos de las estelas en el cambio climático, incluso con la introducción de equipos para la realización de pruebas atmosféricas a gran altitud en algunas aeronaves de pasajeros.

Cirros y estelas de vapor; las evidencias de su incidencia en el cambio climático no son concluyentes. El sector aeronáutico está apoyando nuevos estudios para adquirir una comprensión cabal del fenómeno.
Es frecuente encontrar referencias de que el efecto de la aviación en el cambio climático es mayor que el de otros sectores debido a la altitud a la que se producen las emisiones. El gas de efecto invernadero más importante, el CO2, se extiende por la atmósfera con tanta rapidez que realmente no importa dónde o a qué altitud sea emitido: El impacto es el mismo. No obstante, es posible que otras emisiones, tales como el NOx y el vapor de agua, tengan un efecto más potente si se producen a mayor altitud. Los científicos expresan este incremento del efecto como factor multiplicador.
Las investigaciones más recientes sugieren que las emisiones de CO2 de la aviación deben multiplicarse por 1,9 para reflejar el impacto extra de estos otros gases en altura. Sin embargo, es preciso tener en cuenta que la mayoría de los demás emisores de gases de efecto invernadero también liberan otros gases aparte del CO2. Por lo tanto, es necesario aplicar un multiplicador para determinar con precisión su impacto global en el cambio climático (también conocido como irradiación forzada). La tasa de radiación de fondo para el transporte por carretera, por ejemplo es de 1,5 veces sus emisiones de CO2.
Teniendo en cuenta estas emisiones que no son de CO2 y el multiplicador, el IPCC calcula que la aviación es responsable de aproximadamente el 3% del total del impacto climático debido a la actividad humanas.
De cara al futuro, el sector está tomando numerosas medidas destinadas a mitigar su impacto climático. El IPCC calcula que la contribución total de la aviación, incluyendo el CO2 y otros efectos, podría llegar al 5% en 2050 (o un 15% de las emisiones de origen humano en el peor de los casos). La proporción del impacto de la aviación dependerá también del éxito de otros sectores en la reducción de sus emisiones.
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