¿Pueden las medidas económicas contribuir a reducir las emisiones?
Una vez que el sector ha exprimido al máximo su potencial para reducir las emisiones mediante la tecnología, la eficacia operativa y las mejoras infraestructurales, podremos prestar atención a medidas económicas que podrían contribuir a limitar el efecto de la aviación en el cambio climático. Las medidas económicas deberían orientarse en primer lugar a potenciar la investigación, el desarrollo y la introducción de nuevas tecnologías, en lugar de utilizarse como herramientas para frenar la demanda. Es preciso evaluar el uso de créditos fiscales y de iniciativas de financiación directa como incentivos para impulsar nuevos programas tecnológicos y estimular a las empresas a invertir en equipos más modernos y de menor consumo.
Si bien el protocolo de Kioto cubre las emisiones de la aviación doméstica, no sucede lo mismo con la aviación (y el transporte marítimo) internacional, debido a la dificultad de asignar dichas emisiones a un país determinado. Por lo tanto, las emisiones de la aviación internacional no han sido incluidas en los objetivos de reducción de las emisiones de CO2 de los países firmantes de dicho acuerdo. En lugar de esto, los gobiernos acordaron trabajar para reducir o eliminar dichas emisiones a través del organismo de las Naciones Unidas para la aviación, la Organización Internacional de la Aviación Civil (OACI).

Reactores General Electric GEnx-1B y Rolls Royce Trent 1000, de última generación. Los Incentivos a la inversión en I+D mediante créditos fiscales y financiación directa ayudarían a potenciar la innovación medioambiental.
Comercio de emisiones
Uno de los métodos disponibles para limitar las emisiones son los regímenes de comercio de emisiones (o ETS). Estos regímenes consisten en la definición de un límite global para las emisiones, permitiendo después que las empresas compren y vendan derechos de emisión para cumplir con sus objetivos de reducción. El establecimiento de un ETS a escala mundial sería una de las posibles alternativas que la OACI podría adoptar para reducir las emisiones.
Un régimen de comercio de emisiones puede ofrecer un incentivo económico adicional para que las empresas combatan el calentamiento global, dado que a los derechos de emisión otorgados a cada empresa se les asigna un valor pecuniario. Las empresas que logren reducir sus emisiones podrán vender los derechos sobrantes a otras empresas que hayan excedido los límites de emisiones prefijados.
Los beneficios medioambientales están garantizados, dado que estas iniciativas establecen un límite global de emisiones. Los ETS son un método viable para la gestión del nivel de emisiones de CO2 producidas por el transporte aéreo, siempre que se diseñe de la forma adecuada. Cualquier esquema debe ser abierto (es decir, con posibilidad de intercambio con otros sectores), tener alcance mundial y contar con el visto bueno de los gobiernos afectados.
La meta de un régimen bien diseñado es que la aviación consiga alcanzar sus objetivos de reducción de emisiones de CO2 sin renunciar a operar y crecer de forma sostenible. El sector aeronáutico considera que los regímenes de comercio de emisiones bien diseñados son preferibles a los impuestos sobre el carburante y las tasas por emisiones. Éstos últimos no tienen ventajas medioambientales y no hacen sino privar a las compañías aéreas de recursos que deberían dedicarse a mejorar la tecnología.
En la actualidad, la aviación internacional no está amparada por ningún régimen de comercio de emisiones. Sin embargo, será incluida en el Régimen de comercio de emisiones de la Unión Europea a partir de 2012.
El sector aeronáutico considera que, para garantizar que estos regímenes sean lo más efectivos posible, deberían ser concebidos por la OACI y no en forma individual por las distintas naciones y regiones. Un sector de escala mundial requiere una solución mundial para problemas mundiales.

El comercio de emisiones constituye una solución factible e incentivada para poner un tope a las emisiones. Un régimen bien diseñado, acordado internacionalmente, lograría los mayores beneficios medioambientales.
Impuestos ecológicos
Los impuestos ecológicos añaden un coste a cada vuelo, bien agregando una tasa por cada pasajero embarcado, cada despegue o aterrizaje, o por cada tramo de un vuelo. Los impuestos ecológicos pretenden modificar la demanda de transporte aéreo disuadiendo de volar a ciertos pasajeros.
Pero en muchos casos los viajeros no tienen otra alternativa y deben viajar por aire.
En opinión del sector aeronáutico, los impuestos ecológicos no son una solución viable para reducir el impacto de la aviación en el cambio climático, ya que no hacen más que privar a la industria de los recursos financieros que necesita invertir en investigación y desarrollo. En casi todos los casos, el dinero que los gobiernos recaudan mediante estos impuestos no vuelve al sector como inversión en mejoras medioambientales. La tasa impuesta a los pasajeros aéreos del Reino Unido es un claro ejemplo de ello.
Gravámenes sobre el combustible
Los gravámenes al combustible son impuestos extra que se aplican al combustible. Éste ya constituye el principal componente de costes del transporte aéreo. Los gravámenes al combustible no son por lo general una herramienta eficaz para reducir de las emisiones aeronáuticas, debido al carácter internacional de las operaciones. Las compañías aéreas debieran poder tomar sus decisiones referidas al aprovisionamiento en base a la eficiencia, en lugar de tener que elegir entre un país u otro en función de cuál tiene el régimen impositivo más favorable. Éste es el motivo por el cual la Convención de Chicago protege los servicios internacionales de los gravámenes al combustible, para evitar la imposición de medidas fiscales unilaterales.
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