No sólo las emisiones reciben nuestra atención
La mayoría de las preocupaciones relativas al transporte aéreo giran en torno al papel de los aviones, pero la infraestructura asociada, como los aeropuertos y las rutas de vuelo, también afectan al medio ambiente y son susceptibles de perfeccionarse para mejorar su rendimiento medioambiental.
Importantes mejoras
El sector aeronáutico se ha comprometido en eliminar las restricciones actuales del espacio aéreo; tan sólo en 2007 se han acortado casi 400 rutas. En total y mediante el trabajo conjunto con gobiernos y entes reguladores a fin de recortar las rutas aéreas, se ha conseguido un ahorro de 3,8 millones de toneladas de CO2 en 2007 y 6 millones de toneladas de CO2 en 2006. Por ejemplo, cada vuelo de de ida y vuelta entre Europa y China dura 15 minutos menos, con lo cual se ahorran 84.000 toneladas de CO2 anuales.
Asimismo, los ANSP colaboran con compañías aéreas y aeropuertos en el desarrollo de trayectorias de aproximación por descenso continuo (Continuous Descent Approach, o CPA), que ayudan a reducir las emisiones durante las aproximaciones a las pistas. Tradicionalmente, los aviones descienden escalonadamente, pasando por distintos niveles de altitud antes de aterrizar. La nueva tecnología permite a los aviones realizar descensos más fluidos, con mayor economía de carburante.
Aeropuertos e instalaciones terrestres
La incorporación de medidas de protección del medio ambiente en aeropuertos, fábricas y otras instalaciones cobra una importancia creciente en el contexto de la reducción de emisiones en todo el sector. Las instalaciones en tierra, esenciales para el sector, tienen también la responsabilidad de mejorar su rendimiento energético.
Los aeropuertos están invirtiendo en programas de compensación de emisiones con el fin de aproximarse a un equilibrio neutro de CO2, construyendo terminales con "certificado ecológico", reduciendo las emisiones de los vehículos internos mediante la introducción de líneas automáticas de metro o sustituyendo los vehículos convencionales por otros propulsados por carburantes alternativos. Asimismo proveen tomas de corriente fijas a los aviones para que éstos no tengan que utilizar sus unidades de potencia auxiliares.
La congestión de los aeropuertos tiene un efecto significativo en las emisiones. Cuando los aviones se ven obligados a volar en círculos de espera hasta que se les autorice el aterrizaje, o a hacer cola en las calles de rodaje antes de despegar, no sólo se incomoda a los pasajeros, sino que se consume más carburante. Estos problemas se evalúan en forma constante para determinar si son necesarias restricciones operativas en los vuelos, o hacen falta nuevas instalaciones, tales como pistas.

Los vehículos eléctricos del aeropuerto de Dallas y las placas solares del aeropuerto de Auckland contribuyen a hacerlos más respetuosos del medio ambiente. En todo el mundo hay aeropuertos invirtiendo en medidas similares.
Gestión del tráfico aéreo
Los sistemas de gestión del tráfico aéreo constituyen otra pieza vital de la infraestructura. Las rutas de los aviones, la altitud a la que vuelan y las condiciones meteorológicas que atraviesan afectan al consumo de carburante y, por consiguiente, a las emisiones de CO2. La gestión de estos factores corre por cuenta de los proveedores de servicios de navegación aérea (ANSP), las empresas encargadas de proporcionar servicios de control de tránsito aéreo.
En Europa, la unificación y la simplificación de los sistemas nacionales de gestión del tráfico aéreo mediante la adopción de un Cielo Único Europeo contribuiría a eliminar las tortuosas rutas de vuelo vigentes en la actualidad. El Cielo Único Europeo sería el primer paso hacia el desarrollo de sistemas de gestión del tráfico aéreo basados en "bloques de espacio aéreo funcionales" y el fin de las fronteras aéreas nacionales. Según la Comisión Europea este uso más eficiente del espacio aéreo permitiría economizar más de 16 millones de toneladas de CO2 al año.
Los ANSP de todo el mundo contribuyen a mejorar el rendimiento del sector aeronáutico aprovechando mejor el diseño del espacio aéreo existente y optimizando el rendimiento de las aeronaves en todas las fases del vuelo. Los ANSP colaboran con las autoridades reguladoras, los fabricantes de aeronaves, las aerolíneas, los aeropuertos, los pilotos y los ingenieros para mejorar las operaciones terrestres y aéreas con el fin de incrementar el rendimiento global de las operaciones.

Reducir la sinuosidad de las rutas de vuelo es clave para reducir las emisiones de las aeronaves en el espacio aéreo europeo. Gracias a sofisticadas técnicas de planificación de rutas, los ANSP están logrando grandes avances en el rendimiento energético del transporte aéreo.
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